LA NUEVA DEMOCRACIA

LA NUEVA DEMOCRACIA
DAVID ALFARO SIQUEIROS

28 marzo 2010

PABLO NERUDA





Pablo Neruda

1904- 23 de septiembre de 1973

Chile

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (quien escribiría posteriormente con el pseudónimo de Pablo Neruda) nació en Parral el año 1904, hijo de don José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario y doña Rosa Basoalto Opazo, maestra de escuela, fallecida poco años después del
nacimiento del poeta.

En 1906 la familia se traslada a Temuco, donde su padre se casa con Trinidad Candia Marverde, a quien el poeta menciona en diversos textos como Confieso que he vivido y Memorial de Isla Negra con el nombre de Mamadre. Realiza sus estudios en el Liceo de Hombres de esta ciudad, donde también publica sus primeros poemas en el periódico regional La Mañana. En 1919 obtiene el tercer premio en los Juegos Florales de Maule con su poema Nocturno ideal.

En 1921 se radica en Santiago y estudia pedagogía en francés en la Universidad de Chile, donde obtiene el primer Premio de la Fiesta de la Primavera con el poema La canción de fiesta, publicado posteriormente en la revista Juventud. En 1923, publica Crepusculario, que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro Prado. Al año siguiente aparecenen Editorial Nascimento sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en el que todavía se nota una influencia del modernismo. Posteriormente se manifiesta un propósito de renovación formal de intención vanguardista en tres breves libros publicados en 1926: El habitante y su esperanza, Anillos (en colaboración con Tomás Lagos) y Tentativa del hombre
infinito.

En 1927 comienza su larga carrera diplomática, cuando es nombrado cónsul en Rangún, Birmania. En sus múltiples viajes conoce en Buenos Aires a Federico García Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti. En 1935, Manuel Altolaguirre le entrega la dirección a Neruda de la revista Caballo verde para la poesía en la cual es compañero de los poetas de la generación del 27. Ese mismo año aparece la edición madrileña de Residencia en la tierra.

En 1936, al estallar la guerra civil española, muere García Lorca, Neruda es destituido de su cargo consular, y escribe España en el corazón.

En 1945 obtiene el Premio Nacional de Literatura.

En 1950 publica Canto General, texto en que su poesía adopta una intención social, ética y política. En 1952 publica Los versos del capitán y en 1954 Las uvas y el viento y Odas elementales. En 1958 aparece Estravagario con un nuevo cambio en su poesía. En 1965 se
le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de Oxford, Gran Bretaña. En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel de Literatura.

Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973. Póstumamente se publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido.

 

Poema XV:

Me gusta cuando callas

Me gusta cuando callas porque estás como ausente,
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
Y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
Emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
Y te pareces a la palabra melancolía.

Me gusta cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa de arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza,
Déjame que me calle con el silencio tuyo.


Déjame que te hable también con tu silencio
Claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.


Me gusta cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Puedo escribir los versos más tristes

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo
"La noche está estrellada,
Y titilan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo.
Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso no es todo.

A lo lejos alguien canta.
A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro.
Será de otro.
Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro.
Sus ojos infinitos.


Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque este sea el último dolor que ella me causa,
Y estos sean los últimos versos que yo le escribo.


Cuando nací,
Pobreza,
Me seguiste,
Me mirabas.
A través
De las tablas podridas
Por el profundo invierno.
De pronto
Eran tus ojos
Los que miraban desde los agujeros.

Las goteras,
De noche, repetían
Tu nombre y tu apellido
O a veces
El salto quebrado,
el traje roto,
Los zapatos abiertos,
Me advertían.
Allí estabas
Acechándome
Tus dientes de carcoma,
Tus ojos de pantano,
Tu lengua gris
Que corta
La ropa, la madera,
Los huesos y la sangre,
Allí estabas
Buscándome,
Siguiéndome,
Desde mi nacimiento
Por las calles.


Cuando alquilé una pieza
Pequeña, en los suburbios,
Sentada en una silla
Me esperabas,
O al descorrer las sábanas
En un hotel oscuro,
Adolescente,
No encontré la fragancia
De la rosa desnuda,
Sino el silbido frío

De tu boca.
Pobreza,
Me seguiste
Por los cuarteles y los hospitales,
Por la paz y la guerra.
Cuando enfermé tocaron
A la puerta:
No era el doctor, entraba
Otra vez la pobreza.

Te vi sacar mis muebles
A la calle:
Los hombres Los dejaban caer como pedradas.

Tú, con amor horrible,
De un montón de abandono
En medio de la calle y de la lluvia
Ibas haciendo
Un trono desdentado
Y mirando a los pobres
Recogías
Mi último plato haciéndolo diadema.

Ahora,
Pobreza,
Yo te sigo.

Como fuiste implacable,
Soy implacable.

Junto
A cada pobre
Me encontrarás cantando,
Bajo
Cada sábana
De hospital imposible
Encontrarás mi canto.

Te sigo,
Pobreza,
Te vigilo,
Te acerco,
Te disparo,
Te aislo,
Te cerceno las uñas,
Te rompo
Los dientes que te quedan.
Estoy
En todas partes:
En el océano con los pescadores,
En la mina
Los hombres
Al limpiarse la frente,
Secarse el sudor negro,
Encuentran
Mis poemas.
Yo salgo cada día
Con la obrera textil.

Tengo las manos blancas
De dar pan en las panaderías.

Donde vayas,
Pobreza,
Mi canto
Está cantando,
Mi vida
Está viviendo,
Mi sangre
Está luchando.

Derrotaré
Tus pálidas banderas
En donde se levanten.

Otros poetas
Antaño te llamaron Santa,
Veneraron tu capa,
Se alimentaron de humo
Y desaparecieron.

Yo te desafío,
Con duros versos te golpeo el rostro,
Te embarco y te destierro.

Yo con otros,
Con otros, muchos otros,
Te vamos expulsando
De la tierra a la luna
Para que allí te quedes
Fría y encarcelada
Mirando con un ojo
El pan y los racimos
Que cubrirá la tierra
De mañana.

Tristeza, escarabajo
De siete patas rotas,
Huevo de telaraña,
Rata descalabrada,
Esqueleto de perra:
Aquí no entras.
No pasas.
Ándate.

Vuelve
Al Sur con tu paraguas,
Vuelve
Al Norte con tus dientes de culebra.
Aquí vive un poeta.

La tristeza no puede
Entrar por estas puertas.
Por las ventanas

Entra el aire del mundo,
Las rojas rosas nuevas,
Las banderas bordadas
Del pueblo y sus victorias.

No puedes.
Aquí no entras.
Sacude
Tus alas de murciélago,
Yo pisaré las plumas
Que caen de tu manto,
Yo barreré los trozos
De tu cadáver hacia
Las cuatro puntas del viento,
Yo te torceré el cuello,
Te coseré los ojos,
Cortaré tu mortaja
Y enterraré tus huesos roedores

Bajo la primavera de un manzano.


América, no invoco tu nombre en vano.
Cuando sujeto al corazón la espada,
Cuando aguanto en el alma la gotera,
Cuando por las ventanas
Un nuevo día tuyo me penetra,
Soy y estoy en la luz que me produce,
Vivo en la sombra que me determina,
Duermo y despierto en tu esencial aurora:
Dulce como las uvas, y terrible,
Conductor del azúcar y el castigo,
Empapado en esperma de tu especie,
Amamantado en sangre de tu herencia.


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